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Estrategia Ética para un Caballo de Troya

Hace años los economistas venían hablando de la Nueva Normalidad, para referirse a una época donde se hacía difícil proyectar. El Mundo crecía mucho menos o lo hacía de manera más lenta, y los modelos predictivos (incluídos los economistas), con dificultad explicaban este nuevo patrón de comportamiento que flotaba en un abismante oceáno de incertezas. Lo cierto, es que llegamos al 2019 con dificultades similares, pero también con un mundo que no sólo mantenía este modo sino aparecía mucho más conflictuado y saturado en su base social, lo que observamos en distintos puntos del planeta. Tal vez haya sido éste el primer virus de contagio entre países, sólo que viralizado a través de los medios y redes, en la antesala y advenimiento del 2020.

Estallidos sociales como el de Chile, pusieron de manifiesto urbe et orbis que “no había nueva normalidad”, y que al menos aquí hacía mucho tiempo que una gran parte de los chilenos habían dejado de tenerla -ergo no había tal normalidad- y que el exitoso modelo Chilensis, reposaba en un deteriorado andamiaje marcado por la desigualdad, las deudas y un cúmulo de expectativas no cumplidas para grupos vulnerables pero también para una incómoda y cada vez más vociferante clase media. Nuestra economía -y por qué no decirlo, nuestra moral- que venían ya bastante golpeadas desde el 18/0, se aprontan ahora para la llegada del más crudo invierno, uno que estará marcado por el congelamiento de la economía mundial producto de una crisis sistémica sin precedentes provocada por la Pandemia del Corona Virus. Por desgracia, aquí recién estamos empezando; y aún cuando se esperaba que China este lunes volviese a tener operativa su industria al 85%, y con ello activando el consumo del 50% de la producción mundial de cobre (cuentan con reservas para 4 semanas), los chilenos no debemos bajar la guardia porque esta Pandemia nos llega al último, y estando en la Fase 4 también pudiéramos ser los últimos en levantarnos del inevitable letargo económico y lo que pudiera ser una desastroza debacle social. Ya se pronostica para el país un 20% de cesantía y una inflación que pudiera dispararse al 8%.

Irónicamente, un agente patógeno desde una sencilla estructura en su genoma -cual Caballo de Troya- ha sido capaz de colapsar en tiempo record nuestros sistemas económicos y de comercio, incluyendo los sistemas de salud, educación, transporte, trabajo, suministros, comunicaciones, situándonos en el más complejo escenario de la postmodernidad, pues carecemos de certezas acerca de la forma cómo reorganizaremos nuestro futuro. Apenas estamos aprendiendo y entendiendo que: a) la coordinación y la cooperación local y global serán determinantes b) estamos vinculados indefectiblemente como eslabones del ajedrez global c) las disputas comerciales entre titanes hoy se libran a gran escala y en formatos de guerra no-convencional, pero que d) con esfuerzo, determinación y disciplina, puede ser posible volver a regenerar nuevo y mejor tejido.

¿Cómo afrontamos esta inesperada onda viral-polar? Las políticas públicas orientadas a proteger el empleo y sostenibilidad económica de las empresas podrán desarrollar estrategias más o menos acertadas, pero será clave aquí una voluntad política y un liderazgo razonado en base a la estabilidad del país y el Bien Común. Del mismo modo, los dueños de las empresas, sus directores y gerentes generales ya sea por iniciativa propia o por acuerdos entre el gremio empresarial y los sindicatos, deberán ser capaces de adaptar rápidamente sus estrategias y proyectos disponiéndose las compañías a interactuar y pactar acuerdos con toda su cadena de suministro. Será urgente medir los impactos (a esta altura sería impropio hablar de riesgos), e implementar planes ajustados para cada contingencia, pero especialmente sopesando en cada decisión y opción escogida, las consecuencias y las implicancias que esta paralización tendrá a escala humana.

Las más afectadas en gran parte serán las medianas y pequeñas empresas que tras de sí abrigan familias, este invierno será para todos y nos necesitaremos Todos para cuando llegue la añorada primavera y nos volvamos a parar. La dignidad humana no tiene precio y debemos cuidar ese valor, sin olvidar que la solidaridad y la generosidad comienza en casa.

Sin duda, este duro aprendizaje nos llevará a repensar cuántos recursos deberemos destinar en el futuro para de verdad modernizar las instituciones del Estado, invertir en I+D+i apostando al campo científico, y cuánto más debiéramos hacer para alcanzar mejores niveles de Educación. Para las empresas, será ésta la oportunidad de dibujar nuevos mapas para la Sostenibilidad y desempolvar los Códigos de Ética, entendiendo que tener estándares de conducta responsable o ser y/o declararse sustentable, en lo futuro, implicará estar estrechamente integrados a sistemas complejos, como la calidad atmosférica, los comportamientos telúricos, los asentamientios humanos y comunidades, la ciberseguridad y los ecosistemas, incluyendo por supuesto la nanotecnología, los virus y bacterias, quedando disponibles para cambiar desde lo micro a lo macro respecto del modo en cómo veníamos haciendo las cosas.

Llegó el momento de aprender de las sociedades que más han sufrido y que de alguna manera han logrado controlar la Pandemia. Llegó la hora de usar a nuestro favor la tecnología y los resumenes quánticos que proporciona el Big Data para entender las implicancias multidimensionales del cambio. Llegó el tiempo de activar nuestra creatividad, volviendo a lo esencial, pero fundamentalmente de hacer vívido un cambio cultural y organizacional inédito válido para todos los sectores productivos sin excepción, aplicando la olvidada pero sabia “justicia de mínimos”, donde la Ley vigente es sólo el mínimo aceptable.

Esta crisis, demandará de cada uno de nosotros un actuar diligente, en consciencia y ejercido con empatía y de modo responsable -poniéndonos en lugar de quienes nos han acompañado en el “hacer empresa”- al momento de abordar los ajustes de sueldos, las desvinculaciones inevitables, las negociaciones pactadas, la paralización de proyectos, para ejecutar dichas decisiones con diligencia y sentido ético. Siempre estará la posibilidad de hacer y dar un poco más para procurar el beneficio mutuo que finalmente genera el sentido de solidaridad, cooperación y humanidad, dimensión que también debemos sanar tras toda esta debacle.

Nuestro país ciertamente sabe de tormentos, y si aunamos esfuerzos podremos ser capaces de enfrentar juntos esta invasión. La Estrategia Ética de Chile deberá estar dada por la templanza, la prudencia, la fortaleza y la justicia -virtudes cardinales que deben ser visibles en gobernantes y gobernados, expertos y profanos- sumado a una coordinación exhaustiva, mucha autodisciplina, solidaridad y especialmente unidad por el Chile que todos queremos.

Directorio Asociación de Ética Empresarial y Organizacional